5 de julio de 2022

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Cromañón: a 17 años del horror ¿Qué pasó con los responsables?

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Cada año, cuando llega diciembre, en el inconsciente popular aparecen dos episodios que marcaron estos primeros 20 años del siglo XXI en Argentina. Uno de ellos es la crisis de 2001 con el 19 y 20 de diciembre como protagonistas de un fin de año trágico, y el otro es la Tragedia de República Cromañón.

Cada año, cuando llega diciembre, en el inconsciente popular aparecen dos episodios que marcaron estos primeros 20 años del siglo XXI en Argentina. Uno de ellos es la crisis de 2001 con el 19 y 20 de diciembre como protagonistas de un fin de año trágico, y el otro es la Tragedia de República Cromañón.

A 17 años de Cromañón

¿Que pasó realmente en Cromañón ese 30 de Diciembre de 2004? ¿Quiénes fueron realmente los culpables? ¿Están presos?

Empecemos por la banda. Callejeros era una banda bonaerense que, con 9 años, en 2004 se encontraba en su momento de mayor popularidad. A mediados de ese año habían llenado el estadio de Obras Sanitarias con dos funciones, lo que demostraba su rápido crecimiento en la escena local.

En la previa de esos shows, Callejeros dio dos entrevistas para la radio Rock&Pop donde se deleitaron por las bengalas en los recitales y donde queda probado que estaban en conocimiento de que su uso estaba prohibido.

En octubre de 2004 lanzan su tercer disco, Rocanroles sin destino que contiene canciones que aún hoy en día son hits de Rock nacional como «Prohibido» y “Distinto”. El 30 de diciembre era la fecha elegida para coronar ese gran año y el lugar elegido fue Republica Cromañón, donde habían tocado meses atrás, en la inauguración del mismo.

CROMAÑÓN

República Cromañón era un boliche dedicado a conciertos de rock que estaba ubicado en la calle Bartolomé Mitre 3066 de la Ciudad de Buenos Aires y que había sido inaugurado el 12 de abril de ese mismo año 2004 con un show de los mismos Callejeros.  Su dueño, Omar Chabán, era un conocido empresario ligado al rock desde el retorno de la democracia a través de diferentes locales para recitales que fueron de su propiedad como Café Einstein, Die Schule y el emblemático Cemento. 

El local estaba habilitado para una capacidad máxima de 1.031 personas, pero en ese último show del año se calcula que había más de 3.500 asistentes, algunos de ellos llevando consigo a sus pequeños hijos. A la cantidad de gente que cuadruplicaba lo reglamentario se sumaron otros ingredientes que iban a delinear un combo fatal: Callejeros arengaba desde su página web lo que sería «la noche de las bengalas» y Chabán cerraba con un candado y alambres la salida de emergencia para que nadie ingrese sin pagar.

El pago de coimas y la ausencia de controles permitió que el lugar sea habilitado como local de baile «Clase C» en los registros del Gobierno de la ciudad de Buenos Aires, pero que en la práctica funcionara como un microestadio, lo que hubiese requerido que se rija por otras normas.

De este modo se evitaba tener que garantizar la presencia de policías, bomberos y ambulancias durante el desarrollo del concierto y a esto se sumó que la certificación de Bomberos que se encontraba vencida desde el mes anterior y 10 de los 15 matafuegos estaban despresurizados.

LA TRAGEDIA

Alrededor de las 22:30 comenzó el show y, desde los altoparlantes, Chabán pedía que paren con las bengalas porque podía ser peligroso, seguramente recordando lo que ya había sucedido unos meses antes, en el mismo lugar, cuando en un show de Jóvenes Pordioseros se produjo un principio de incendio que obligó a evacuar al público y se repitió en un concierto de La 25 sólo cinco días antes del día de la tragedia.

Apenas habían sonado tres temas cuando una de las bengalas encendidas incendió la media sombra que había en techo y, acto seguido, la guata y las planchas de poliuretano que había sobre ella como modo de acustización, un material altamente tóxico y letal. En ese momento se cortó la luz eléctrica y en pocos minutos el fuego y los gases tóxicos se apoderaron del lugar, mientras que la gente intentaba desesperadamente escapar o reingresar a buscar a familiares y amigos atrapados. La atmósfera era irrespirable, el aire quemaba los ojos y las vías respiratorias, por lo que había que taparse la boca y la nariz con alguna remera para no intoxicarse y poder avanzar a ciegas por el local.

La primera ambulancia -del hospital Ramos Mejía, ubicado a pocas cuadras de Cromañón- llegó a las 23.01, apenas seis minutos después de recibir la llamada.  Enseguida comenzaron a llegar el resto de las ambulancias del SAME y otros hospitales, los bomberos y la Policía Federal.

Durante todo el operativo de socorro participaron 700 profesionales, 46 ambulancias, 16 hospitales porteños, 8  bonaerenses y 11 clínicas privadas, y gran cantidad de jóvenes que asistieron al recital también contribuyeron a rescatar a quienes se vieron atrapados en el interior del lugar.

Fueron 194 el total de niños, jóvenes y adultos muertos en ese momento y en los días posteriores, a causa de la inhalación de gases como el monóxido de carbono y el ácido cianhídrico despedidos por los materiales utilizados para acustizar el lugar. También se registraron más de 1.500 heridos.

Ese fin de año el luto y el dolor cubrió al país, todas las mesas estuvieron siguiendo por televisión la desesperada búsqueda de personas en los hospitales, en la morgue o perdidos por la ciudad mientras la cifra de muertos y heridos era actualizaba constantemente. Después vendrían las renuncias de los funcionarios –el secretario de Justicia y Seguridad del Gobierno porteño Juan Carlos López y la subsecretaria de Control Comunal, Fabiana Fiszbin-, la destitución del jefe de Gobierno Aníbal Ibarra y el juicio a Chabán, Callejeros y al resto de los involucrados.

De 2004 hasta acá se suicidaron más de 15 jóvenes. 17 años después de Cromañón, los sobrevivientes conviven con el estrés. De los chicos que estuvieron en el boliche, hoy muchos de ellos todavía acuden a asistencia psicológica.

Pero ¿Quiénes fueron realmente los culpables de lo que ocurrió aquel 30 de Diciembre de 2004 en Cromañón?

En 2008, Julio Roberto Vittone, reconoció haber prendido una de las tantas bengalas que se encendieron esa noche pero que el »no fue el responsable del incendio». Aseguró que las personas que lo hicieron, fallecieron. El muchacho también afirmó que la bengala se la dieron dentro del boliche pero prefirió evitar decir quién fue la persona que se la entregó.

La Sala IV de la Cámara Federal de Casación Penal ratificó en 2015 que los integrantes de Callejeros, la mano derecha del ex gerenciador de Cromañón, Raúl Villarreal, y ex funcionarios porteños son culpables por la tragedia de Cromañón.

El líder de Callejeros, Patricio Santos Fontanet, fué condenado a siete años de cárcel. Los guitarristas Maximiliano Djerfy y Elio Delgado, el bajista Christian Torrejón y el saxofonista Juan Carbone, a cinco años de prisión. El baterista Eduardo Vázquez, preso por el crimen de su pareja, Wanda Taddei, a seis años de cárcel; y Daniel Cardell, escenógrafo del grupo, a tres. A Raúl Villarreal –secretario del ex gerenciador de Cromañón, Omar Chabán, que falleció en noviembre pasado– seis años. Fabiana Fiszbin, ex subsecretaria de Control Comunal de la Ciudad, cuatro años de prisión y Gustavo Torres, ex titular de la Dirección General de Fiscalización y Control porteño, a tres años y nueve meses.

Para la justicia, la conducta de los músicos –condenados por estrago culposo seguido de muerte y cohecho activo– excedió el ámbito de expresión artística, violó deberes de cuidado exigibles y expuso a los asistentes a un riesgo inaceptable. El tribunal remarcó, también, la responsabilidad de los integrantes de Callejeros por presentarse en “un local cerrado y excesivamente sobrevendido”, incluso ante la certeza práctica de que allí se usarían fuegos de artificio. De esta forma, coincidieron con el criterio del fiscal Raúl Pleé, quien sostuvo que existió responsabilidad penal de parte de los músicos porque “pudieron evitar la masacre de Cromañón pero por codicia no lo hicieron”.

Durante mucho tiempo, y aún hoy en día, las zapatillas colgando de los cables de las calles de Buenos Aires reflejan una historia que marcó a una generación y a sus familiares y que modificó gran parte de la cultura musical argentina. 

A 17 años, todavía siguen las heridas abiertas por las irregularidades en el fatídico recital de Callejeros.

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